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Las ventajas inesperadas de usar el transporte público en Bogotá

11 de junio de 2022

¿Taxi? ¿Bus? ¿Uber? ¿Carro? Parecería que la pregunta de cómo moverse por la ciudad fuese fácil, pero no lo es. Tiene matices.

En Bogotá, por ejemplo, el tráfico es tenaz. Si uno se va en carro, taxi o bus, tiene unas buenas horas garantizadas de trancón. Y eso sin contar las desventajas específicas de cada uno.

El carro a veces ni siquiera es opción porque puede que se implemente la restricción vehicular que implica “el pico y placa”; en la que uno puede sacar o no su carro dependiendo de la placa y el día que sea.

En el mismo orden de ideas, conseguir un taxi en Bogotá es muy difícil. ¿Entonces Uber? Puede ser, pero los Ubers tampoco son tan fáciles de conseguir y tienen ese problema de regulación que hace el asunto de usarlos algo medio ilegal… un rollo, me parecen.

El Transmilenio y la carga cognitiva

El Transmilenio comparte con el bus que es un servicio de transporte público, pero tiene la ventaja de que tienen un carril dedicado y se puede evitar el tráfico insoportable de esta manera. Es un poco difícil, por decir lo menos, cogerlo a ciertas horas, pero en general es un medio de transporte que funciona muy bien.

Ese fue el proceso de eliminación por el que pasé hace unos días cuando me tocó salir y que me llevó a elegir el Transmilenio para moverme por la ciudad a mi destino. Además, pensé que el tiempo de viaje me venía muy bien para gestionar mi carga cognitiva con intención.

La carga cognitiva es el número y la cantidad de tareas en las que nuestra memoria y atención pueden enfocarse en un momento dado. Obviamente, nuestra carga cognitiva es un recurso limitado.

Entonces, si uno se va en el Transmilenio, por ejemplo, en lugar de darle atención a manejar, es posible usar ese tiempo en escuchar atentamente un audiolibro, contestar llamadas, responder mensajes, preparar clases, ponerse al día con emails, etcétera.

Yo elegí escuchar un audiolibro y me monté en el Transmilenio muy feliz y campante habiendo planeado mi carga cognitiva con muchas cosas por hacer, pero enfocando mi atención en lo que yo quería.

Y de repente, un saxofonista…

Yo estaba muy feliz y concentrada cuando se monta el señor a tocar su instrumento. En este punto, yo solo noto que parece talentoso, definitivamente está disfrutando su actividad y en el proceso está llenando toda mi carga cognitiva con sus decibeles.

¿Qué hice?

Resolví el problema cerrando mi audiolibro, guardando el teléfono y decidiendo escuchar al saxofonista. Me di cuenta de que el señor se la estaba pasando muy bien y pensé que podía ser un buen momento para dejarme llevar y soltar los planes rígidos con los que había empezado mi viaje.

Tres reflexiones sobre la vida moderna

Ver al saxofonista en flow me hizo reflexionar sobre tres aspectos: la productividad, la atención y la serendipia.

Me parece increíble que en la vida moderna no nos permitimos el lujo de dejar un minuto de nuestro día sin planear. El trayecto de la casa a la oficina, que en una ciudad como Bogotá puede ser largo y difícil, ya está planeado. Se nos dificulta dejar el día a la deriva a ver qué es lo que nos trae la vida más allá del podcast agendado, el audiolibro elegido y las llamadas pendientes.

En mi caso, mi día me trajo un saxofonista.

Lo que me lleva al tema de la atención. Un tema que trata Oliver Burkeman en el capítulo cinco de su libro “4000 horas”. En él, Burkeman reflexiona cómo estamos usando y entendiendo la atención como un recurso que tenemos que distribuir. Nos dice que solo podemos atender alrededor de 0.0004% de todos los estímulos que nos están atacando en un momento dado.

Sin embargo, la atención no es únicamente un recurso. La atención es la vida. Es ver lo que pasa y estar ahí para ser testigos presentes.

En este sentido, con nuestra obsesión por controlar la atención, ya que estamos en la era de las distracciones, lo que logramos es perdernos de la vida misma.

Adicionalmente, Burkeman habla sobre la serendipia. Se refiere a la posibilidad de que haya sorpresa en nuestra vida y de que no todo esté absolutamente planeado, decidido y predeterminado. Va de dejar de actuar como seres cuadriculados que solo buscan un mejor sistema de manejo del tiempo, ya sea Getting Things Done, bullet journaling o la nueva moda productividad.

La serendipia se relaciona con estar abierto a ver qué viene y es importante porque es en esa apertura que tienen lugar los grandes descubrimientos. Hay muchas historias de la ciencia que evidencian cómo es la causalidad la que nos lleva a grandes realizaciones, no la suerte.

¿Cómo estamos viviendo la vida?

Quería compartir el relato de esta aventura y mis reflexiones porque nos hacen preguntarnos sobre la buena vida y cómo la estamos viviendo. Para mí, es útil cuestionar nuestra obsesión con el manejo del tiempo y la tiranía de la productividad.

¿Será que toda nuestra vida debe estar planeada y controlada?

¿Todo tiene que ser transaccionar y tener un fin?

¿Debe todo relacionarse con un producto por el que esperamos que nos paguen?

Cierro con esas preguntas y con una mención especial y apoyo a todos los artistas que tenemos en las calles de nuestras ciudades y que hacen que los trancones sean un poco más entretenidos. Deseo para ellos que trabajen de manera segura y agradezco su contribución a la cultura y la invitación a sencillamente disfrutar de su arte.

¿Quieres ver al saxofonista haciendo lo suyo? Tienes el video en mi canal de YouTube.

Gracias por leerme. Si te ha gustado, suscríbete a mi canal y nos encontramos pronto.

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